Mitos sobre el Viagra: ¿Es un afrodisiaco?

Es probable que el Viagra sea el medicamento que más ha revolucionado la industria farmacéutica luego de la aspirina. Pero el Viagra, a diferencia de la aspirina, no ha sido revolucionario solo por su éxito comercial, sino porque su nicho de aplicación fue único. Y a partir de su salida al mercado millones de personas se han visto beneficiadas. Es indudable que el sexo no es el aspecto más importante de la vida, pero en el caso de los hombres, esta afirmación no siempre es tan cierta. Una vida sexual plena no solo es una puerta al placer personal, sino un factor que influye en muchos aspectos de la vida privada, el trabajo, la familia y la vida social. Las afecciones sexuales masculinas como la disfunción eréctil, producen en el hombre una disminución de la autoestima, cambios de humor, irritabilidad y hasta depresión. Todo esto sin contar los problemas de pareja.
Es una creencia muy común que el Viagra interviene sobre la libido y el deseo sexual, es decir; como lo haría un afrodisiaco. Muy por el contrario, el Viagra no actúa sobre el deseo sexual, ya que éste nada tiene que ver con la disfunción eréctil. De hecho, no existe ninguna prueba científica que verifique la existencia de alimentos o hierbas que produzcan un efecto amplificador del apetito sexual.
Otro mito tejido alrededor del sildenafil es que éste provoca y mantiene las erecciones y que éstas sucederán automáticamente sin mediar estimulación sexual. Esto es totalmente falso, y sin entrar en detalles médicos, se puede definir al Viagra como un “catalizador” de la erección. Es decir; el Viagra solo ayudará en el proceso de erección cuando el cerebro indique que esto suceda a partir de la excitación sexual. Sin deseo no habrá erección.
Por último, una creencia muy extendida (sobre todo en adolescentes) es que el Viagra administrado a personas que no sufren DE, provoca una mejoría en la performance sexual e intensifica el placer. Esto es totalmente incierto, puesto que el sildenafil actúa sobre las enzimas que impiden o dificultan el proceso eréctil, por lo que en personas sanas, prácticamente no produce cambios en la erección.

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